Superar el perfeccionismo

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Hoy quiero hablar de algo que es un problema para muchas personas: superar el perfeccionismo. Si este no es tu caso, estoy seguro de que habrás conocido a alguien que exige que todo sea “perfecto”. Alguien que tarda demasiado en completar incluso las tareas más sencillas y que a menudo se distrae a sí mismo y a los demás.

Muchos de nosotros somos perfeccionistas en algunos ámbitos de nuestra vida, ya sea en el trabajo, en el hogar o en nuestras relaciones, y aunque aquello en lo que nos enfocamos mejora gracias a nuestros elevados niveles de exigencia, muchas otras cosas suelen sufrir como consecuencia de ello, incluso, somos nosotros los que sufrimos.

Cuando el perfeccionismo aparece, suele traer consigo a sus compañeros más cercanos: la depresión, la ansiedad y el enojo.

“Intentar ser mejor” no es perfeccionismo, como tampoco beber una cerveza es alcoholismo. Pero es un problema cuando bebes tanto que te despiden del trabajo. Cuando estás tan enfocado en hacer las cosas de manera “perfecta”, muchas otras cosas empiezan a ir mal.

Y es que, al fin y al cabo, el verdadero perfeccionismo no consiste en tener estándares altos. Se trata de poder, de intentar ejercer un nivel de control imposible e irracional sobre un mundo que a menudo está fuera de nuestro control.

¿Alto rendimiento?

No estamos hablando de alto rendimiento. Hay una distinción entre ser alguien que logra muchas cosas y ser un perfeccionista. Ambos tipos de personas aspiran al éxito. Las personas de alto rendimiento están motivadas para dar lo mejor de sí mismas. En cambio, los perfeccionistas están motivados por el miedo y paralizados por la perspectiva del fracaso. Antes de entrar en cómo superar el perfeccionismo, aquí hay algunas cosas que deberías saber sobre él:

El perfeccionismo puede reducir significativamente nuestra autoestima, el disfrute de la vida y la sensación de paz al causar un inmenso estrés, el miedo a ser juzgado o la sensación de inadecuación.

El perfeccionismo suele estar relacionado con problemas de salud mental como la ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y el estrés.

Los perfeccionistas se presionan a sí mismos para cumplir con estándares inalcanzables. Como resultado, son muy críticos consigo mismos y se castigan por cualquier cosa que no cumpla sus expectativas.

Los perfeccionistas también temen que si no se esfuerzan por alcanzar la perfección, se convertirán en personas que no alcanzan sus objetivos.

Cuando los perfeccionistas tienen miedo a fracasar, procrastinan porque prefieren no hacer nada a hacer algo de forma imperfecta.

Cuando nos creemos el mito del perfeccionismo, perjudicamos a los demás al establecer expectativas poco realistas para los que nos rodean.

Superar el perfeccionismo es posible. Así que, vamos a ver diez maneras que pueden ayudarte a superarlo.

1. Sé más consciente de quién eres

El primer paso para vencer el perfeccionismo es tomar conciencia de tus pensamientos y tendencias perfeccionistas. Toma un tiempo para detenerte y reflexionar sobre tus patrones de pensamiento relacionados con el perfeccionismo. Incluso puedes intentar escribir estos pensamientos para entenderlos mejor. Seremos más capaces de cambiar nuestro discurso sobre el perfeccionismo una vez que seamos conscientes de cómo permitimos que tome el control de nuestra vida.

2. Concéntrate en lo positivo

Cuando queremos que todo sea perfecto, tendemos a enfocarnos en los defectos de nuestro trabajo o de nosotros mismos. Sin embargo, debemos hacer un esfuerzo intencional para reconocer lo bueno. Por cada aspecto de tu vida con el que estés insatisfecho, desafíate a identificar tres cosas que aprecies.

La Escritura nos enseña que Dios, nuestro Padre, no nos ama por nuestro rendimiento o nuestros logros terrenales. Él nos ama y quiere una relación íntima con nosotros por lo que él es. Dios nos ve a cada uno de nosotros como dignos de ser amados y anhelados a pesar de nuestras debilidades y errores.

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!” Efesios 2:4-5 (NVI)

Esto debería ayudarnos a mantener la vida en perspectiva cuando estemos tentados a mirarnos a nosotros mismos y a nuestros logros en busca de validación.

3. Permítete cometer errores

Cuando nos permitimos cometer errores, podemos ver que fracasar no es el fin del mundo. Por el contrario, los errores nos dan la oportunidad de aprender, crecer y mejorar. Una forma de practicar esto es emprender una nueva afición en la que probablemente fracasarás en tu primer intento. En lugar de intentar ser perfecto, concéntrate en disfrutar de la actividad y aprender poco a poco a mejorar. Puede que descubras que cometer errores es necesario para llegar a donde quieres.

4. Establece objetivos más razonables

Los perfeccionistas tienden a ponerse objetivos poco realistas debido a la imposibilidad de alcanzarlos. Establecer objetivos más alcanzables e inteligentes (SMART) es una forma de dejar de lado el perfeccionismo. Cuando nuestros objetivos son realistas y suponen un desafío saludable, nos sentiremos mucho menos estresados y más seguros de nuestra capacidad para alcanzarlos.

5. Acepta las críticas

Los perfeccionistas suelen tener una baja autoestima porque se toman las críticas de forma extremadamente personal. Por otro lado, la crítica constructiva puede ayudarnos a aprender y a crecer. Reconoce que la crítica constructiva puede ser beneficiosa y normal porque nos permite mejorar. Los errores o pasos en falso son inevitables en el camino y son una forma útil de aprender a largo plazo.

6. Reduce la cantidad de presión que ejerces sobre ti mismo

Recuerda que la persona que más presión ejerce sobre ti eres tú. Sé amable contigo mismo y practica la autoaceptación, de esta manera reducirás las expectativas poco realistas que te impones. 

Hoy, debes saber que si no logras la meta o no alcanzas los niveles que te has propuesto, tienes un abogado o representante en el cielo. Jesús tomó tu lugar en la cruz e intercede por ti.

“Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre, a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo”. 1 Juan 2:1-2 (NVI)

“¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros”. Romanos 8:34 (NVI)

7. Prioriza el significado sobre la perfección

En lugar de intentar hacerlo todo a la perfección, intenta cambiar tu enfoque para encontrar significado en lo que haces. Si algo nos aporta alegría y propósito, no importa si no se hace de manera perfecta. Encontrar el significado en el camino proporciona más satisfacción.

8. Esfuérzate por no posponer las cosas

Los perfeccionistas son notorios procrastinadores. Esto puede causar molestias a los demás y ser estresante a largo plazo. ¡Por supuesto!, lo más difícil siempre es empezar, pero incluso esbozar un borrador de nuestro trabajo con antelación es preferible a no hacer nada. Recuerda que no pasa nada si tu trabajo no es perfecto en el primer intento o borrador; date permiso para volver a trabajar en el proyecto.

9. Aléjate de las influencias negativas

Ten un especial cuidado con la forma en que las redes sociales promueven una narrativa de “cultura de la prisa” y de “perfeccionismo” en tu trabajo. Si tenemos que limitar o eliminar estos canales, puede ayudarnos a alejarnos de la presión del perfeccionismo.

10. Asiste a terapia

Como con todo lo que tiene que ver con nuestra salud mental, siempre es bueno buscar la ayuda de un profesional capacitado y autorizado.

Esperamos que estos consejos te ayuden a manejar el perfeccionismo. Encuentra recursos bíblicos que te ayudarán a remplazar los pensamientos del perfeccionismo por pensamientos divinos en Glorify.

Foto por Dave Hoefler en Unsplash

 

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