¿Quién es Jesús? La historia de la Samaritana

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El internet está lleno de preguntas sobre quién es Jesús. El día de hoy responderemos esta pregunta a través de una historia bastante conocida del Nuevo Testamento. Trata de una mujer samaritana que visita un pozo en busca de agua, pero que termina teniendo un encuentro que cambia su vida para siempre. La puedes encontrar en Juan 4:1-42 

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Jesús se encuentra con la samaritana

Jesús se dirigía a Galilea desde Judea. Y, para llegar allí, tenía que atravesar un lugar llamado Samaria. Los judíos religiosos generalmente evitaban a los samaritanos debido a una larga historia de animosidad entre ambos grupos. Pero Jesús dijo que tenía que pasar por ahí.

Eventualmente, él y sus discípulos llegaron a un pozo. Jesús se quedó allí, sentado junto al pozo, mientras los demás fueron en busca de algo de comida.

En ese mismo momento, una mujer samaritana se acercó a sacar agua.

Mientras ella se preparaba para sacar el agua, Jesús le habló y le pidió agua.

La mujer se sorprendió porque un hombre judío le habló a ella, una mujer samaritana.

Jesús es el agua viva

¿No se daba cuenta de que eran enemigos? ¿Le había afectado el calor del día? No obstante, Jesús le preguntó: “¿Me das de beber?”.

A lo que ella respondió: “Tú eres judío y yo samaritana. ¿Cómo puedes pedirme de beber?”.

Lo que sucedió a continuación es un ejemplo del amor con el que Jesús sale a nuestro encuentro en nuestro quebranto y de cómo nos ofrece el refrigerio de su amor y su bondad.

Jesús le dijo a la mujer que, si hubiera sabido con quién hablaba, ella le habría pedido de beber de su agua viva. Beber esa agua significaría que nunca más volvería a tener sed.

Ahora bien, Jesús no estaba hablando del agua literal, física, que nuestros cuerpos necesitan para sobrevivir. Se refería al agua espiritual que da vida a nuestras almas.

Sin embargo, la oferta de Jesús desconcertó a esa mujer. Ella entendió este mensaje de forma literal y pidió a Jesús que le diera un poco de esa agua para dejar de ir al pozo.

Jesús ama a los rechazados

La samaritana no sólo no estaba casada, sino que ya lo había estado cinco veces. De hecho, en ese momento estaba vivía con un hombre que no era su esposo. Esta mujer era una vergüenza para su familia y para su comunidad. Cualquiera que fuera considerado un maestro religioso nunca se relacionaría con alguien como ella. Era una marginada para el resto de su sociedad.

Por eso salí por agua al pozo en un momento en que había menos gente. Pero por debajo de la vergüenza y el desprecio que su comunidad había puesto en ella, la samaritana estaba rota.

No es de extrañar que se sorprendiera tanto cuando Jesús, un maestro religioso judío, se acercó a ella para pedirle agua. Fue aún más sorprendente para ella saber que Jesús no estaba allí para condenarla como tantos otros habían hecho. Jesús estaba allí para invitarla a una vida que no solo lavaría los pecados de su pasado, sino una vida en la que nunca volvería a tener sed en el sentido espiritual.

Porque ella tendría el agua viva de Cristo para saciar su anhelo de amor, aceptación, paz y propósito.

Jesús cambia su historia

Jesús entabló una conversación con una mujer desesperada por ser conocida y aceptada, una mujer que saltaba de una relación a otra en busca del amor.

Él no llegó a juzgarla, sino a reconocer su necesidad y a ofrecer lo único que podía satisfacerla. Él tiene la respuesta a la búsqueda de satisfacción y amor que ella estaba buscando en todos los lugares equivocados.

Jesús rompe las barreras sociales

Cuando Jesús le dijo: “El que beba del agua que yo le dé, no volverá a tener sed jamás, porque se convertirá en un manantial fresco y burbujeante que le dará vida eterna”, hablaba en serio.

Rompió todas las reglas de los confines sociales que separaban a la gente como él de la gente como ella, para que ella conociera y aceptara el amor que la salvaría.

El amor que la rescataría de su pecado y que le ofrecería una vida nueva. Una vida rebosante de alegría, paz, esperanza y gracia.

Al final de esta historia vemos cómo, en un breve encuentro con Jesús, esta mujer se transforma de dentro a fuera. En lugar de esconderse del mundo avergonzada, corre hacia él y pronuncia estas palabras: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿Será éste el Mesías?”.

¿Quién es Jesús?

En esta poderosa historia, vemos cómo Jesús se inclina para salir a nuestro encuentro en medio de nuestros pecados, para darnos salvación. Jesús nos ofrece algo mejor que cualquier otra cosa que hayamos conocido, algo que satisface nuestra desesperación de amor y nuestro deseo de aceptación.

Jesús nos revela que es nuestro salvador y nuestro redentor. De hecho, nos recuerda que vino a nosotros como uno de los nuestros para que pudiéramos ver hasta qué punto se preocupa por nosotros.

Tal vez, como la samaritana, te sientas un poco abrumado. Quizá te avergüenzas de errores pasados y estás lleno de desesperación por encontrar algo que satisfaga el anhelo que sientes. Tal vez has estado buscando algo que llene un vacío dentro de tu corazón, sólo para descubrir que nada lo hace. Pues bien, al igual que Jesús hizo por la mujer samaritana en el pozo, hoy se sienta a tu lado, ofreciéndote la misma agua viva que conduce a la vida eterna.

Jesús trae la belleza de su gracia

Jesucristo vino a nuestro mundo caído para traer la belleza de su gracia. Tomó forma humana para que pudiéramos experimentar la libertad celestial de la destrucción de nuestros pecados. La muerte y la resurrección de Jesús se han ocupado plenamente de nuestro pecado.

Cuando confiamos nuestras vidas en sus manos, quedamos reconciliados con Dios y somos invitados a la vida eterna en su Reino de justicia.

Esto es lo que significa ser salvo

Nuestro pecado es perdonado, y somos hechos nuevos en Cristo. Nuestros deseos son cambiados a aquellos que agradan y glorifican a Dios. Y podemos vivir en comunión con Él para siempre.

Jesús ofrece la salvación gratuitamente a todos. Nos ofrece hacernos nuevos y completos si decidimos aceptar este regalo.

Tómate un momento para hacer una pausa y considerar las áreas de tu vida en las que necesitas el agua viva de Jesús. Piensa en el Mesías, que sabe todo lo que has hecho y te sigue amando. Te acoge en su presencia y te ofrece su gracia, su redención y su misericordia. Imagina que Jesús está arrodillado a tu lado, abriendo sus brazos y ofreciéndote el don de la vida eterna.

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