¿El cielo es real? Explorando la eternidad

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Si alguna vez te has preguntado si el cielo es real. O si estás seguro de que hay vida después de la muerte, pero no tienes ni idea de cómo será. No estás solo.

Incluso si has sido cristiano toda tu vida, comprender la vida eterna y cómo será el cielo, puede ser difícil.

Hay algo importante que debes saber: te encontrarás con concepciones muy diferentes del cielo, incluso dentro del cristianismo. Pero, incluso con todas las diferencias entre denominaciones, una cosa es cierta. El sacrificio de Jesús en la cruz venció a la muerte e hizo posible, que tengamos vida eterna en el cielo.

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¿El cielo es real?

Para un cristiano la respuesta inequívoca es ¡sí! La Biblia es consistente al hablar del cielo y de la promesa de vida después de la muerte para todos los que siguen a Jesús.

En Juan 14:2-3, Jesús dice:  En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas. Si no fuera así, ¿les habría dicho yo a ustedes que voy a prepararles un lugar allí? Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté“.

Este pasaje muestra que el Cielo es real. Que Jesús está preparando un lugar, para que los creyentes vayan después de la muerte.

Del mismo modo, en 2 Corintios 12:2-4, el apóstol Pablo describe ser “llevado al paraíso “.

Por lo tanto, sabemos que el cielo es nuestra herencia prometida después de la muerte. Pero, ¿cómo se supone que será? ¿Qué haremos allí y qué clase de lugar es?

¿Qué dice la Biblia sobre el cielo?

El cielo, se describe como un lugar de gran belleza, gozo inimaginable y paz perfecta. ¿No es asombroso? En Apocalipsis 21:4 dice: “Él enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte ni llanto, tampoco lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir”.

No importa lo que tengamos que afrontar en esta vida, todos podemos aferrarnos a la esperanza muy real del cielo venidero.

La Biblia también describe el cielo como un lugar increíblemente hermoso, diferente a todos los que hemos visto antes.

Apocalipsis 21

El libro del Apocalipsis es fundamental para comprender el cielo. El capítulo 21 contiene algunos de los pasajes más detallados sobre nuestra morada eterna. He aquí algunas secciones clave:

Versículos 1-3

“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está el santuario de Dios! Él habitará en medio de ellos y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios.”

Estos versículos plantean algunos puntos importantes. En primer lugar, implica una renovación de la Tierra. Así que nuestro futuro celestial es el de un cielo y una tierra renovados, rehechos, perfectos.

En segundo lugar, la descripción de que ya no habrá mar puede parecer extraña, pero en tiempos bíblicos el mar se asociaba con el caos. Decir que no habrá más mar es una forma de decir que se acabó el caos, el desorden y la rebelión.

Por último, este pasaje explica claramente que Dios vivirá con nosotros. Su morada estará entre nosotros, su pueblo. Tal como Él siempre quiso que fuera.

Versículos 16-21

La ciudad era cuadrada; medía lo mismo de largo que de ancho. El ángel midió la ciudad con la vara y midió doce mil estadios: su longitud, su anchura y su altura eran iguales. Midió también la muralla, que tenía ciento cuarenta y cuatro codos, según las medidas humanas que el ángel empleaba. La muralla estaba hecha de jaspe y la ciudad era de oro puro, semejante a cristal pulido.

Los cimientos de la muralla de la ciudad estaban decorados con toda clase de piedras preciosas: el primero con jaspe, el segundo con zafiro, el tercero con ágata, el cuarto con esmeralda, el quinto con ónice, el sexto con rubí, el séptimo con crisólito, el octavo con berilo, el noveno con topacio, el décimo con crisoprasa, el undécimo con jacinto y el duodécimo con amatista. Las doce puertas eran doce perlas y cada puerta estaba hecha de una sola perla. La calle principal de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.

Estos versículos entran en detalle sobre la belleza y el diseño del cielo. He aquí un maravilloso ejercicio de meditación que puedes probar: lee estos versículos lentamente, imaginando lo que describen a medida que avanzas.

Versículo 27

“Nunca entrará en ella nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino solo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero.”

Este versículo nos recuerda que el cielo es un lugar para Dios y Sus hijos, para aquellos que siguen a Jesús y han sido limpiados por Su sangre.

¿Qué significa ser salvo e ir al Cielo?

Como cristianos, el concepto de salvación y de ir al Cielo es una parte fundamental de nuestra fe. En términos sencillos, ser salvo significa que somos salvados de las consecuencias eternas de nuestro pecado y se nos concede la vida eterna en el Cielo con Dios.

La Biblia nos dice que todos los seres humanos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Nuestro pecado nos separa de Dios, y la consecuencia del pecado es la muerte (Romanos 6:23). Sin embargo, Dios nos ama tanto que envió a Su Hijo, Jesucristo, a morir en la cruz por nuestros pecados (Juan 3:16). Gracias a Su sacrificio, podemos ser perdonados de nuestros pecados y reconciliados con Dios (2 Corintios 5:18-19).

Ir al Cielo no es algo que ganemos o merezcamos por nuestros propios méritos. Nuestra fe en Jesucristo es lo que nos salva y nos da acceso al Reino de los Cielos (Juan 14:6). Una vez salvados, podemos estar seguros de nuestro destino eterno en el Cielo (1 Pedro 1:4).

¿Es el Cielo un lugar físico o espiritual?

La respuesta corta es, es ambos. Hoy experimentamos el cielo como un lugar espiritual, pero vivimos en la esperanza confiada de que un día toda nuestra realidad física estará también en el cielo.

La mayor parte de la sabiduría oriental se basa en la creencia de que nuestros espíritus residirán en un reino espiritual después de la muerte. Como cristianos creemos que viviremos por la eternidad, con Dios, en un cielo y una tierra renovados. Eso incluye cuerpos nuevos, resucitados, y un mundo perfectamente rehecho. Cuerpo, espíritu y alma juntos, prosperando, en unidad con nuestro Creador.

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