¿Cómo se describe el amor de Dios en la Biblia?

7 min. para leer

¿Cómo sabemos cómo es el amor de Dios? Bueno, solo tenemos que mirar a Jesucristo.

Según 1 Juan 3:16 (no Juan 3:16, aunque ese lo veremos más adelante), “en esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros”.

Qué revelación. Probablemente podríamos detenernos ahí. Pero hay muchos otros pasajes en la Biblia que hablan del amor de Dios. Y la Biblia nos habla de él todo el tiempo. De hecho, dice que “Dios es amor” en 1 Juan 4:8.

Su amor es bueno, eso es cierto. Pero también es diferente al amor que recibimos de los humanos. En esta publicación veremos solo algunas de las emocionantes formas en que el amor de Dios es descrito en las Escrituras. Esperamos que los siguientes pasajes fortalezcan tu relación con Dios hoy.

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El amor de Dios es incondicional

Hay algo sobre el amor de Dios que es cierto en todos los casos: es incondicional. Uno de los mejores versículos para explorar esto es Juan 3:16. A menudo se utiliza para resumir todo el evangelio.

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Es increíble que él haya hecho todo esto antes de que nosotros hayamos hecho nada. ‘Porque tanto amó Dios al mundo’ que ofreció el sacrificio supremo. No hemos hecho nada para ganarlo. Pero se da gratuitamente por la gracia de Dios.

Esto no es solo porque a Dios se le antojó. Está en su naturaleza amarnos. Como mencionamos anteriormente, en 1 Juan 4:8 dice: “Dios es amor”. John Piper (disponible en inglés) dice: “La naturaleza de Dios es tal que en su plenitud no necesita nada (Hechos 17:25), sino que se desborda en bondad. Su naturaleza es amar”.

Esta naturaleza amorosa, que Bible Project también explora aquí (disponible en inglés), es una postura de lealtad y devoción hacia nosotros que se traduce en muchos actos de amor. Solo debemos recibirlo.

Un amor eterno

Dios es un Dios eterno e inmutable y, por lo tanto, su amor también lo es. Los Salmos hablan ampliamente del amor de Dios; encontramos una de las mayores promesas sobre Dios expresada en Salmo 136: su “amor perdura para siempre”. Esto es un gran consuelo para cualquiera que haya experimentado expresiones de amor inconstantes o condicionales. El amor de Dios nunca tiene fin.

El Salmo 36:5-6 expresa poéticamente cómo es el amor de Dios, diciendo “Tu amor, Señor, llega hasta los cielos; tu fidelidad alcanza las nubes”. En Jeremías 31:3, Dios dice, “Con amor eterno te he amado” y Pablo en Romanos 8:35-39 hace una pregunta retórica, “¿Quién nos apartará del amor de Cristo?”

Pablo responde con este gran pasaje que debería llenarnos de valor: “Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor”.

Increíble. Ese es un amor como ningún otro.

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Imagen: Frank McKenna

Un amor paternal o amor ágape

A lo largo de la Biblia, Dios es llamado constantemente Padre. La palabra griega original para este tipo de amor paternal es Agapē. No es como el amor de un padre humano; selectivo y falible. Este amor es totalmente fiable, lo que debería ser un gran consuelo especialmente para aquellos que no han tenido la mejor experiencia con los padres terrenales.

Este tipo de amor es amable, compasivo y misericordioso. En 1 Juan 3:1 leemos, “¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios!” Sofonías 3:17 dice, “porque el Señor tu Dios está en medio de ti como guerrero victorioso. Se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos”. Se deleita en nosotros y nos llama hijos. ¿Quiénes somos para que se nos llame hijos de Dios? Si alguna vez te ha faltado el sentido de pertenencia, debes saber que perteneces a Dios, el creador del universo.

Otros pasajes que expresan este amor son Juan 15:9-10, donde Jesús nos dice, “Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor”. Dios proporciona el mejor modelo de amor y la mejor noticia es que empezamos a imitarlo cuando pasamos tiempo en la presencia de Dios.

Es también un amor fiel que nos protege y está siempre con nosotros. Deberíamos sentirnos alentados por pasajes como Josué 1:9, que dice, “¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas”. En Salmo 23:6 encontramos la promesa, “La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida”.

El amor de Dios es un amor feroz

El amor de Dios tiene múltiples facetas y, aunque es amable y gentil, también es feroz. A lo largo de la Escritura, el amor de Dios se caracteriza por su oposición a lo que amenaza su gloria.

Esto debería tranquilizarnos porque Dios está de nuestro lado, quiere lo mejor para nosotros y nos protegerá. Odia lo que se opone a su reino y a sus planes, como leemos en Salmo 5:11, “Pero que se alegren todos los que en ti buscan refugio; ¡que canten siempre jubilosos! Extiéndeles tu protección, y que en ti se regocijen todos los que aman tu nombre”.

El verdadero amor es feroz, protege a los que ama y no deja que nada se interponga. A Dios se le llama “fuego consumidor” en Hebreos 12:29; al final consumirá lo que corrompe a la humanidad. Proverbios 15:9 utiliza un lenguaje igualmente fuerte cuando dice, “El Señor aborrece el camino de los malvados, pero ama a quienes siguen la justicia”.

Esta pasión y celo debe ser un consuelo, ya que sabemos que esa misma pasión se dirige a nosotros.

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Imagen: Artem Sapegin

Jesús es el amor de Dios en acción

¿El mayor ejemplo del amor de Dios? La vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Lo mencionamos al principio porque así sabemos lo que es el amor. Que Jesucristo murió por nosotros. Este amor sacrificado está impulsado por la pasión feroz que vimos antes.

1 Juan 4:9-10 dice, “Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”. Somos libres para vivir en la eternidad con Dios porque todo lo que se interponía en el camino ha sido lavado.

En Jesús no solo vemos este amor sacrificado en acción, también vemos que el amor de Dios se experimenta en relación con Jesús. La vida viene de él. La vida más plena se experimenta cuando uno es amado por Dios. Efesios 2:4-5 expande en esto, diciendo, “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!”

Gracia. Ese es el amor de Dios.

¿Cómo respondemos al amor de Dios? 

Quizá ahora pienses: ¿cómo respondo a este amor? ¿Qué puedo dar a cambio?

La verdad es que nunca podremos igualar el amor de Dios, pero eso no es un obstáculo para nuestra relación con él. Lo que podemos darle es nuestro corazón.

Podemos hacerlo mostrando nuestro amor hacia los demás. Hay muchos pasajes en la Biblia que hablan de cómo el amor de Dios emana de su amor por nosotros, hacia el mundo que nos rodea. Jesús nos manda en Juan 15:12 a amarnos “los unos a los otros, como yo los he amado”.

Debemos amar a los demás con un amor misericordioso, sacrificado, feroz e incondicional. Y al hacerlo, estaremos mostrando a los demás el amor de Dios.

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Imagen destacada: Aaron Burden

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